El pasado domingo 7 de mayo, la solidaridad y la luz llegó a un albergue ubicado en una comunidad indígena al norte de Perú. Pues una abuelita llamada Albertina Flores Gonzales llegó sin recibir ayuda de nadie caminando a paso lento mientras cargaba una parte de su cosecha.
Cuando le preguntaron porque estaba en el lugar, ella respondió que deseaba donar lo poco que había cosechado para esos enfermos que se confinan en el lugar por el Covid 19.
Una muestra de solidaridad
Esta noble mujer, demostró que en muchas oportunidades el que menos tiene es el que más da y se convirtió en sinónimo de solidaridad. Quizá ella necesitaba parte de lo que estaba donando, pero prefirió entregarlo a quienes lo requerían aun más.
Llevando el peso de dos grandes bolsas sobre sus hombros, Albertina hizo aparición en la parte interna del albergue diciendo, “Aquí les traigo alguna cosita”. Inclusive se disculpó por no haber podido entregar más alimentos. “Perdón que no traiga más, pero vengo caminando”, contó a los encargados del lugar.

Una recompensa por una noble acción
Uno de los que trabaja en el albergue fue quien subió la conmovedora historia a sus redes sociales, y así un usuario que prefirió mantenerse anónimo hizo contacto con el trabajador para que le hiciera entrega de una ayuda económica para que la anciana pueda seguir cosechando.
No obstante, una semana más tarde los mismos empleados se trasladaron hasta la comunidad de Albertina y le entregaron alimentos junto al dinero que le había sido enviado por el anónimo y otras personas que se sensibilizaron por su acción y decidieron ayudarla.

